Blog

Gestión de conflictos, mediación y promoción de la convivencia

el_juego_aprendizaje.jpg

El juego, motor de aprendizaje

La vida infantil no puede concebirse sin juego. Jugar es la principal actividad de la infancia y responde a la necesidad de niños y niñas de mirar, tocar, curiosear, experimentar, saber, crear, imaginar, expresar, soñar… Es un impulso primario que nos empuja desde el nacimiento a descubrir, explorar, dominar y amar el mundo que nos rodea, posibilitando así un sano y armonioso crecimiento del cuerpo, la inteligencia, la afectividad y la sociabilidad.

El juego en el aprendizaje

Jugar, es sin duda, una de las fuentes más importantes de progreso y aprendizaje. El juego adquiere en la infancia un valor educativo evidente.

En primer lugar, porque despierta la curiosidad, que es motor del aprendizaje, también proporciona alegría y satisfacción. Al jugar, los niños/as exteriorizan sus miedos, angustias y preocupaciones, etc. Esto les permite elaborar sus emociones y sus sentimientos, recreándolas a través de los sujetos, monstruos, muñecos, animales, a veces inventando nuevas historias, ensayando nuevos finales a situaciones difíciles, o poniéndose en la piel de los demás y a veces, repitiendo hasta la saciedad situaciones placenteras para ellos.

El juego también actúa como estimulante de la superación personal a partir de la experimentación del éxito que es la base de la propia confianza. Jugando aceptamos retos que superamos con esfuerzo, nos sometemos a los resultados del azar, elaboramos defensas a la frustración y aprendemos a ponernos en el lugar del otro.

Aceptamos normas y pautas de convivencia, como esperar el turno, ganar, perder, ceder… En el juego, por tanto, se desarrollan todas las funciones físicas, psíquicas, afectivas y sociales, necesarias para un crecimiento sano y equilibrado.

En posts anteriores os contamos los 7 ingredientes fundamentales del juego pero, ¿qué hace falta para jugar?

Para jugar necesitamos, en primer lugar TIEMPO. Un tiempo rico, pausado, sin prisa, en donde podamos desplegar la imaginación y recogerla, recrear lo visto, experimentado y aprendido, tiempo para soñar y para imaginar.

Necesitamos ESPACIOS, acondicionados para el juego, en las calles, en las casas, en las escuelas, donde poder jugar de manera libre y sin peligros. Espacios que permitan imaginar y recrear nuestra creatividad.

Necesitamos, en tercer lugar, COMPAÑEROS/AS de juego: madres, padres, abuelos, abuelas, pero también iguales, porque jugar solo tiene su valor, pero si un niño/a habitualmente juega solo se pueden aumentar los sentimientos de omnipotencia y, además se limitan enormemente las posibilidades del juego. Es en el contexto de los juegos compartidos en donde el niño/a aprende cómo son los demás y va formando su propia imagen.

Y por último, lo más importante, nuestra actitud como educadoras, esa necesidad que tienen los/as niños/as de nosotros/as, en una actitud abierta, confiada, positiva, aceptando sus juegos, compartiéndolos con ellos, interesándonos por sus intereses, compartiendo fantasías e ilusiones. Así seremos capaces de crear un espacio de confianza, de libertad y creatividad, estimulante de su juego en el cual el/la niño/a pueda crecer y desarrollarse, y nosotras también. El juego en el aprendizaje es vital.

Fundación GizaguneEl juego, motor de aprendizaje
Share this post

Join the conversation

Related Posts